24
Abr
07

No se burlen del oso muerto

Ayer Boris Nikolayevich Yeltsin murió. No es que fuera una novedad, dado que ha pasado los últimos ocho o nueve años vegetando tras una vida que podría calificarse como poco de excesiva. Boris Yeltsin representaba en Rusia la forma de político que más me desagrada en cualquier parte: el populista cleptócrata, de la clase que atisba antes que nadie los vacíos de poder, crea una ola de populismo, la monta, la agota y deja a los demás cargar con los costes de la resaca. La popularidad de Yeltsin ante el pueblo ruso podría explicarse por la semejanza entre el ex-presidente y un oso: grandes, indiscretos, peligrosos, impredecibles,  y sorprendentemente tiernos. En un país que tiene tan iconizada la imagen del oso como símbolo nacional, Yeltsin se alzó como un símbolo populista de lo que los rusos realmente eran (Putin, en cambio, basa su imagen populista en ser lo que los rusos siempre han querido ser: un pobre tipo que asciende en la vida con esfuerzo, sacrificio y sutileza). Se puede decir que el vacío de poder de 1991 (¿quién se acuerda de aquello? Yo sí.) fue imprescindible para la ascensión de Yeltsin, puesto que Boris Nikolayevich no tenía madera de líder soviético; le faltaba la capacidad y la sutileza de jugar al infernal baile de máscaras y espejos que abunda en cualquier Politburó (y aún más en el del PCUS). Utilizando una metáfora nipona, podría decirse que Yeltsin en el Politburó era como un samurai en una convención de ninjas: cierto que su espada era más grande, pero no le serviría para darse cuenta de quién le estaba matando. De todas formas, la suerte de Yeltsin, paradójicamente, fue su entrada en estado semivegetativo al finalizar su mandato; porque la política rusa se basa en agotar los iconos (a Gorbachov hoy no le pueden ni ver), Boris Nikolayevich hubiera sido execrado hasta la muerte por el mismo Vladimir Vladimirovich a quién ayudó a auparse al poder. La herencia de Yeltsin, se quiera o no, ha sido el pavimentar el terreno para la cuasi-dictadura comunisto-patriotera de Putin. Y esa herencia, amigos, sí que traerá cola.

Seguiremos informando.

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