12
Feb
07

Para eso están los amigos

Ya sé, ya sé. Dos semanas. Y encima para un artículo personal. Vergüenza debería darme. Si hay algún motivo por lo que este blog no resulta premiado jamás en los cienes de concursos que por el universo pululan, además de por el obvio hecho de que hay muchísimos blogs mejores que éste, es por la inconstancia de aquí su amigo el CardinalXiminez (¿les he explicado el porqué del nombre?).

¿Y por qué escribo hoy, encima teniendo no uno, sino dos exámenes mañana y una entrevista de trabajo?

Bien, porque éstos días he estado intentando ayudar a algunos amigos míos. Y estoy teniendo la curiosísima sensación de que ayudándoles a ellos, me estoy ayudando a mí mismo.

Me explicaré. Durante el último mes y medio dos amigos míos han tenido sendas rupturas sentimentales que les están resultando particularmente difíciles. No les discuto: las damas en cuestión eran indudablemente encantadoras y aunque cada una de ellas tenía y tiene sus pros y sus contras, siempre fueron las novias de amigos míos, y por lo tanto, buena gente (no suelo discutir las decisiones amorosas de mis amigos, salvo que sean obviamente torpes, y de esas aún no he tenido ocasión de martillear)

No es que me preocupe demasiado. Ambos son personas de indudable atractivo (cada uno de ellos a su manera) y no tendrán demasiadas dificultades en volver a encontrar atractivas señoritas que les recuperen del todo de sus desventuras (creo que llevo demasiado tiempo hablando con el Modoso)

En fin. La cuestión es que mal que bien, el intentar ayudarles a rehacer su vida está dando el empujón que mi propia vida necesitaba. Durante los últimos ocho meses, desde que volví de Rotterdam, he estado en un pegajoso limbo de rutina que amenazaba con ahogarme.  Estaba descuidando mi vida personal más allá del sota, caballo y rey de todos los fines de semana (aunque, vista la calidad de la gente con la que paso los fines de semana, más que sota, caballo y rey podría hablarse de repóker de ases).

Ahora quiero salir más, ir a sitios gafapastas o a bares de alcoholización permanente (aunque no me haréis beber), disfrutar de una autonomía financiera (a ver si la entrevista sale bien mañana), viajar más (si sale Amsterdam, sale Amsterdam, si no sale, Barcelona), y, quién sabe, conocer a alguna encantadora intelectual de ojos grandes y curiosos que me cuente todas las noches qué maravillas ha aprendido durante el día. Pero todo ésto lo quiero hacer, en todo caso, sea como sea, con y por vosotros.

Porque para eso están los amigos.

Seguiremos informando.

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1 Response to “Para eso están los amigos”


  1. 13 febrero 2007 en 7:38

    ESTA BIEN ESO QUE INTENTES AYUDAR….
    DE TODOS MODOS ME IMAGINO QUE ESOS AMIGOS TENDRAN QUE SUPERARLO, DE ALGUNA FORMA.

    AL FINAL QUE PASA CON EL SABADO?

    BASTA YA DE SITIOS GAFAPASTA!!!!!!!!1

    JEJEJEJE

    POR CIERTO NUNCA EXPLCIASTE EL NOMBRE


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