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Regálense algo

O Grande Circo M�sticoHoy no me apetece escribir sobre política. Debería, lo sé, pero no me apetece. Estoy en mi cuarto, con el albornoz que me han traído los Reyes, y tal como estoy en mi albornoz no tengo ganas de ponerme demosténico (uséase, relativo a Demóstenes). Así que prefiero sugerirles, estimados lectores, que se bajen uno de los mejores discos que conozco y se recreen un poco.

Como sabrán los que me conocen mejor, desde que cumplí los dieciocho fui embargado por una malsana afición por lo canadiense en general y por lo quebequés en particular, que me duró hasta que conocí a una encantadora, sabihonda, frígida y puritana rubia montrealesa de ojos azules que me fascinó sobremanera y que respondió a mis atenciones con un desprecio invicto (pero esa es otra historia)

Esa afición por lo canadiense me llevó a contactar con el Cirque du Soleil, grupo que combina de forma muy canadiense la sensibilidad artística europea y el ansia por el show-business norteamericana. Casi todos mis lectores han entrado en contacto con éstos frikis del averno, y posiblemente conozcan sus actividades tanto escenográficas como musicales.

Pues bien, es la hora de ponerse chovinistas. En 1982 (tres años antes del estreno oficial del Cirque) dos de los mayores compositores brasileños, Chico Buarque y Edu Lobo, atendieron al pedido del Ballet del Teatro Guaíba de Porto Alegre y compusieron el score o banda sonora para una obra que habían hecho los locales sobre un poema de Jorge de Lima. Y, para interpretar las canciones de la banda sonora, invitaron a la créme de la música brasileña. Y la liaron.

Ya después de la obertura Milton Nascimento, en plenitud de sus facultades (el pobre ha envejecido mal) arrasa con el tema Beatriz, el único que se acerca al tema del poema (el amor entre un aristócrata y una actriz de circo). Ana Belén destrozó (posteriormente) la maravillosa Ciranda da Bailarina en la que un coro de niños en corro cantan la imperfección de la realidad y la perfección de la fantasía. Tim Maia, el Barry White brasileño (sale en la banda sonora de Ciudad de Dios) hace del hombre-bestia del circo en A Bela e a Fera. Gilberto Gil (hoy ministro de Cultura) impresiona con la angustiosa Sobre Todas as Coisas. Zizi Possi emociona con O Circo Místico… en fin, un disco maravilloso.

¿Pero puede compararse con las maravillas de Franco Dragone? Pues miren, está entero en la Mula: sólo tienen que poner “O Grande Circo Mistico” (a los talibanes de la SGAE: intenten comprarlo legalmente en Madrid). Bájenselo, escuchenlo, y luego me cuentan.

A ver si, como yo, consiguen olvidar un poco el mundo real con la magia del circo.

Seguiremos informando.

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1 Response to “Regálense algo”


  1. 13 enero 2007 en 5:30

    Un honor el verle ayer por las calles de Madrid, caballero. A ver cuando me paso por la sede de NAMBLA y charlamos. Un abrazo!


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