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Por unas islas de mierda

Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, el hombre que no sólo habla con Dios, sino que es Dios (Radio Nacional de Guinea Ecuatorial dixit), está visitando éstas santas tierras. Nos han solicitado ser buenos con él, puesto que su isla está sobre la plataforma continental del Golfo de Guinea, que rebosa petróleo por los cuatro costados. Y como ya es rico, nuestra obligación es darle la bienvenida al Club de los Lamebotas, en el que también están China y Libia (me pregunto que habrá hecho Aznar con el caballo que le regaló Gaddafi) La incorporación de Obiang al Club de los Lamebotas es, por supuesto, un cambio radical respecto a nuestra política habitual respecto a Guinea Ecuatorial, que consiste básicamente en no hacer nada. De hecho, hemos pasado tanto de Guinea que Obiang, hace unos años, amenazó con convertir al francés en la lengua oficial del país, ya que los gabachos siempre pagan mejor. Sí, amigos, porque desde Annual (1923) la política colonial de España ha consistido en no tenerla; mandar a un tipejo a las colonias como se manda al gobernador civil de Zamora y dejarlos marchar a la mínima que lo solicitasen (o, como sucedió hace justo ahora treinta y un años en el Sáhara, iniciar la operación Tomápolculo y salir literalmente corriendo). Nuestras guerras coloniales siempre han sido bastante desastrosas. Que alguien me recuerde alguna batalla ganada por nosotros desde San Quintín, alrededor de 1550. Las derrotas más sonadas son las que constan en nuestros libros de historia, pero conforme investigamos aprendemos más y sabemos que no sólo perdimos grandes guerras, sino también pequeñas guerras absurdas de las que luego nadie se acuerda. Así, en 1957 mandamos a una pequeña fuerza de patrulla a Ifni (un azucarillo para quién me diga dónde está) a luchar con unos jawas con carabinas. Pero de las guerras olvidadas de España, mis favoritas son las Guerras de O’Donnell, organizadas al final del reinado de Isabel II con la intención de hacer creer que España seguía siendo una potencia colonial. O algo así. Por una parte está la Expedición a la Cochinchina. Sí, amigos, si ustedes creían que sólo el Coronel Trautmann, el Recluta Cowboy y Walter Sobchak estuvieron en Nam, sepan que alrededor de 1860 mandamos a un grupo de españolitos para buscar a los charlies por el delta del Mekong. Y por otra parte, la Guerra que da título a éste post: la Guerra Hispano-Sudamericana de 1865-66. Y porqué islas de mierda, ¿eh? ¿No seré acaso un racista eurocéntrico? Bien, dejémoslo claro: si queríamos esas islas (las Islas de Chincha) es, precisamente, porque eran unas islas de mierda. Y había mucha mierda en ellas. Empecemos desde el principio: en 1820 Justus von Liebig definió la Ley de los mínimos (una planta crece con relación a la sustancia nutritiva de la que disponga en menor cantidad) y se descubrieron las sustancias que hacen crecer a una planta. Éste paso inició la agricultura moderna y pronto las potencias europeas empezaron a buscar la forma de adquirir las materias primas para los recién creados fertilizantes. Se descubrió que el guano, o mierda de pájaro petrificada, tenía excelentes cualidades fertilizantes. Y, por supuesto, España quería acceso a esa mierda. Utilizando varias excusas, bastante malas, por cierto, España justificó su invasión de las Islas Chincha, desatando la guerra con Perú. Dentro de nuestra lógica de cagar lo ya cagado, nos picamos con los chilenos porque no nos querían abastecer de carbón y entramos en guerra con ellos también. Durante los siguientes dos años, tuvimos una serie de batallas navales, de las que perdimos una y empatamos (es decir, salimos corriendo y decimos que ganamos) otras dos. En resumen: un desastre bastante gordo y más cutre, porque, aún en el siglo XIX, Perú y Chile no eran Estados Unidos. Lo único que nos queda de esa guerra son, como siempre, las marcas en el callejero. El comandante de la flota de esa guerra, Méndez Núñez, el autor de ese himno al fracaso que es el lema de nuestra actual marina (“más vale honra sin barcos que barcos sin honra”, empezamos bien) recibió la calle que rodea al antiguo museo del Ejército, hoy en proceso de reforma para convertirlo en una nueva ala del Prado. La primera de las batallas navales, la de Abtao, es ahora una calle entre Conde de Casal y Pacífico; y se le dio el nombre de la segunda batalla a una de las innumerables plazuelas que surgieron en Madrid cuándo la Desamortización dejó a decenas de iglesias capitalinas en manos de los especuladores inmobiliarios (y pensábamos haberlo inventado todo). Lo que nadie sabía entonces es que esa plazuela en concreto iba a ganar tanta importancia. Así que, amigos, la próxima vez que queden con sus amigos en la plaza del Callao, podrán contarles de dónde viene el nombre. Aunque, seamos sinceros, lo más probable es que a nadie le importe.

Seguiremos informando.

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3 Responses to “Por unas islas de mierda”


  1. 1 El Supervillano
    16 noviembre 2006 en 4:00

    “Que alguien me recuerde alguna batalla ganada por nosotros desde San Quintín, alrededor de 1550.”

    Hombre, la Batalla de Lepanto fué en 1571, y ahí se quedó manco Cervantes y se cubrió de gloria el más pintado. Y un año antes de la célebre batalla de Rocroi, en 1642, en la que perdieron los españoles como hombres -luego se vengaron- se había ganado la de Honnecourt, que no fue moco de pavo… Y poco después se vengaron, como decía, el mismo año de 1643 en la de Tuttlingen. En esa hubo, como suele decirse, ostias a porrillo. Debió de parecer de “Warhammer”.

    Lo que pasa e que, efectivamente, para recordarte esas victorias tengo que hacerlo señalándote una derrota que seguramente recuerdas. Eso es porque en realidad en España damos más importancia a las derrotas que a las victorias… Si es que en realidad podemos ser muy modestos.

    Eso sí, que conste que yo no sé dónde están, desde hace tres siglos, esos españoles que conquistaron medio mundo a base de ganas. Los que hay hoy que más parecidos se encuentran -ellos mismos, se entiende- con aquellos, son, precisamente, una cuadrilla que es de lo pero del país y a los que prefiero ni mencionar…

  2. 2 MANCO
    17 noviembre 2006 en 12:09

    El caballo lo tiene la cademia de la guardia civil a dodnde fue donado.
    Batalla ganada breda 1600 aprox.
    E ifni enfrente de lanzarote, un poco mas en Marruecos.
    Azucarillo pa´mi!!!

  3. 3 de malaga
    28 mayo 2007 en 8:16

    no se si fueron importantes las batallas que los españoles ganamos despues de 1550, pero las ahi, unas cuantas¡¡¡ Lepanto 1571, Breda 1625, Nordlingen 1634, Cartegena de Indias 1741( correctivo historico a la excelentisima Royal Navy britanica,creo que ningun pais puede decir eso), Florida 1780, Bailen 1808,Alhucemas 1925 y la mas importante y gloriosa de todas, Islote del Perejil en 2003. POR CIERTO,lo de “salir corriendo y decimos que ganamos” nunca lo he leido en ningun articulo sobre batallas en las que hayan participado los españoles.


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