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Oct
06

Mis peores canciones favoritas

pachuli.JPG En serio, soy un inconstante. Me propuse que mis siguientes entradas serían respuestas largas a los interesantes debates propuestos tanto por mi estimado amigo Hidalgo (sobre el cine español) como por sir Henry-wan (sobre el bullying o como quiera que lo llame el pisicólogo anarosil de turno). Y en lugar de eso, voy y decido crear el enésimo meme del universo. Yo lo siento, amigos; los debates serios, para después del puente. Ahora, a imitar a Rob Gordon.

Mis amigos saben que mi gusto musical es poco menos que peculiar. Afortunadamente, y salvo contadas excepciones, lo que suena en los 40 está lejos de mi MP3 portátil, y suelo sorprender primero y aburrir después a los que viajan conmigo en automóvil con la música que traigo conmigo. Pero aun así, la discoteca de todo ser humano, incluidos mis lectores, tiene un rincón oscuro: la música que nadie quiere reconocer que tiene; que provoca risas en los amigos y repulsa en los desconocidos; en resumen, la música que hasta nosotros mismos sabemos que es mala pero que tiene un algo que nos atrae y mantiene pegados nuestras orejas a los cascos. Todos tenemos cinco canciones así. Éstas son las mías:

5 . Parakeet, de R.E.M. Sí, amigos, hasta mi grupo favorito tiene su lado oscuro. Up es posiblemente el disco más discutido de R.E.M.: fue el primero que salió después del marichalar del batería, Bill “C.J.” Berry, y es generalmente repudiado por la comunidad de fans por ser el más experimental y gafapasta de su discografía. Y de las muchas canciones extrañas del disco (que, por otra parte, a mí me encanta), destaca sin duda ésta. Con una base de piano honky-tonk (es decir, medio desafinado), Michael Stipe desgrana con una melopea monocorde una letra total y absolutamente absurda (para empezar, el título de la canción se puede traducir como periquito). Me temo que el que se compró el disco porque le molaba Losing my Religion lo sacó y lo quemó durante ésta canción. Si no lo había hecho antes.

4. Camping Ste-Germaine, de Les Cowboys Fringants. Si que alguien le guste la música country ya es un hecho discutible que dice poco de esa persona, imaginémonos una canción country en francés. Y no en cualquier francés: ese engendro palurdo y poco delicado que es el acento quebequés. De hecho, palurdismo es lo que destila cada estrofa de éste por otra parte divertidísimo tema, que relata la historia de una pareja de lumpen-quebequeses que va a pasar su luna de miel en el camping del título, “donde el tiempo se ha parado en los años 70 […] escuchando a Elvis apoltronados sobre los parachoques, con una cerveza en la nevera“. Les Cowboys Fringants, el grupo en cuestión, es una megabanda de jipiosos peludos que hacen una suerte de folk-pop. Y les va bien; son uno de los grupos más populares de Quebec. Aunque, como mis amigos bien saben, si amo ese lugar es precisamente por su frikismo.

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3. Otomi-san, de Hachiro Kasuga. La música japonesa conocida como enka puede compararse con toda justicia a la copla: letras dramáticas y llorosas, divas en trajes típicos y presencia desproporcionada en la televisión pública. Éste tema, bastante cortito, no es comparable a los dramones musicales de Hibari Misora (la Rocío Jurado japonesa; en la foto) como Mi sake triste (lo juro). No sé nada de la cantante ni de lo qué significa la letra (entre mis muchas habilidades, el japonés no es mi fuerte); sólo sé que está cantada con una voz insufriblemente noña y con unos arreglos creados por la Charanga del Swing del tío Yushio. Lo peor de todo es que es pegadiza, la cabrona.

2. No hay Patria sin ti, por el Coro del Ejército Norcoreano. Una de mis favoritas para cantar debajo de la ducha (bueno, chapurrear), ésta canción, que podrán encontrar aquí, es salvajemente pegadiza y responde a la atracción de éste su servidor por los coros militares (por la música, se entiende). La letra es absurda, bien al estilo de nuestros enloquecidos orientales de allende el paralelo 38: básicamente enumera los poderes sobrehumanos de Kim Jong-Il, cuyo nombre, por otra parte, es la única parte de la canción que se entiende. El día en el que aprenda como se dice Querido Líder en coreano, me voy a inflar.

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1. Madre, soy cristiano homosexual, por José Ángel. Mi hermano Mat y yo hemos llevado por dos continentes (tres, si dividimos América en dos) nuestra salvajemente inspirada interpretación del himno reivindicativo del ínclito José Ángel. Sí, amigos, porque, al igual que Shaolin Soccer o Chiquito de la Calzada, Madre, soy cristiano homosexual es una de esas raras maravillas que son tan malas, pero tan malas, que son buenas. Todo, desde la voz atiplada del gran José Ángel hasta los arreglos baratos de Casiotone, provocan al oyente inmediata y gozosa hilaridad, reforzada (como siempre) cuándo uno se da cuenta que José Ángel, ese hombre, va en serio.

Pues aquí está mi lista. Afilen la Mula y bájenselas…si se atreven.

Seguiremos informando.

Actualización (15 oct. 1:30) Tras una sucinta lectura de mi artículo, mi hermano Mat me señaló una lamentable ausencia que procedo a subsanar. Afortunadamente (¿Afortunadamente?) no es necesario hacer cambios en la lista, porque nuestro siguiente participante está definitivamente fuera de concurso. Pero empecemos por el principio.

A finales de abril de éste año, mi familia vino a visitarme a los Bajos Países. Era el tercer día de nuestra tremendamente accidentada excursión por Bélgica (repito, tremendamente accidentada) y paseábamos por una calle de Brujas, buscando un lugar donde comer antes de volver a Rotterdam. En un local de artículos de recuerdo en la Zuidzandstraat, atiborrado y turisticoso como la mayoría de la ciudad (si alguna vez van, procuren pasear de noche) encontré la versión local de nuestro tan querido expositor de cassetes de carretera. En éste caso, CDs. Y no sé qué extraño hado (quizás el cansancio, quizás la estupidez) me llevaron a sacar cinco euros de mi bolsillo y agenciarme un disco del grupo de la foto.los-cantores-del-puerto.JPG

Amigos, con ustedes el grupo de música marinera holandés De Havenzangers, que traducido a la lengua de Cervantes y César Vidal se lee como Los Cantores del Puerto. Desde Brujas hasta Rotterdam, los siguientes 250 kilómetros de carretera se vieron acompañados por éste encantador grupo musical. Fue especialmente celebrado el éxito Ik sta liever op de ski (A mí me gusta más el esquí) que nadie necesita escuchar para comprender que es una obra maestra del schlager neerlandés más absoluto. Jamás me pasé las canciones de De Havenzangers a MP3 (de ahí su ausencia en mi lista original) pero aún conservo conmigo el CD, listo para ser utilizado en caso de fiesta de ultrasupraborrachos o necesidad de sonsacar información mediante tortura a espías enemigos.

Seguiremos informando.

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2 Responses to “Mis peores canciones favoritas”


  1. 14 octubre 2006 en 10:31

    Va a ser harto complicado superarte (competir contra José Angel es bastante duro), pero será divertido… te dedico mi próximo post… jajajajjaja

    Salud

  2. 09 febrero 2007 en 1:41

    Que hijo de puta mas osisoso que eres!!!!


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