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Los premios IgNobel

ignobel.JPGLos que, como yo, estudiamos Ciencias Sociales, tendemos a pensar que nuestras facultades o escuelas universitarias acumulan el mayor grado de frikismo. Porque, pensamos nosotros, pobres ingenuos, que las facultades de Ciencias Puras están llenas de sesudos tipos con gafas que no hacen más que trabajar en sus investigaciones y estudiar como cosacos, mientras nosotros nos pegamos la vida padre con las incertidumbres de nuestras disciplinas (es paradigmático que llamemos disciplina a algo tan indisciplinado como una ciencia social).

Por supuesto, nos equivocamos (como de costumbre). Los científicos puros son tan frikis o más que nosotros, e incluso el más sesudo de los sesudos físicos nucleares del universo lleva consigo un alma burlona y un ejemplar de la Guía del Autoestopista Galáctico.

El ejemplo supremo del frikismo de los científicos “serios” se encuentra en la revista Annals of Improbable Research (Anales de la Investigación Improbable), parodia de las sesudísimas revistas científicas como Science o Nature. La revista publica “investigaciones que no pueden ni deben ser reproducidas”. La AIR, sobre todo, es famosa por los Premios IgNobel, que premia las investigaciones más absurdas del año. Los premios son presentados por laureados con premios Nobel (los de verdad), en un auditorio de la universidad de Harvard; el público asistente (normalmente científicos tan locos como los del escenario) suelen tirar aviones de papel al escenario, y hay un Guardián de la Escoba, el doctor Roy Glauber, encargado de barrer los aviones (en 2005, Roy Glauber no pudo acudir a la ceremonia; estaba en Estocolmo, recogiendo su Nobel de Física)

Ayer se hicieron públicos los premios de 2006. Entre los premiados, un estudio sobre el por qué a los pájaros carpinteros no les duele la cabeza, porqué el mosquito de la malaria se siente igualmente atraído por el queso de Limburgo y por los pies humanos, y mi favorito, un tratamiento para el hipo crónico basado en el masaje digital rectal; uséase, que el doctor te inserta el dedo por la parte baja del digestivo. La prensa española, dentro de su habitual tratamiento de la ciencia, ha hecho breves pero gozosos comentarios sobre los premiados.

Pero una mancha: de los periódicos digitales que he visto, ninguno ha resaltado el triunfo para la ciencia hispana que supone, por segunda vez en la historia (la primera vez fue para el tipo que inventó el autolavado para perros) la victoria en tan disputado premio. El estudio ganador del IgNobel de Química fue realizado conjuntamente por las Universidades de Valencia y de las Islas Baleares y trata de la propagación de ultrasonidos por el queso cheddar, dependiendo de la temperatura. Espero, por su bien, que la ausencia de esa información haya sido tras consultar a los interesados (sobre todo, interesados en no perder la beca) y no por un estúpido sentido del patriotismo científico.

Seguiremos informando.

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