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Octubre

elecciones.JPGCasco Oscuro cumple un mes, y aunque sé que no estoy siendo demasiado prolijo (a lo mejor es que tengo menos tiempo que perder, quién sabe), espero que hasta ahora haya satisfecho a mis escasos pero celebrados lectores.

Ésta mañana fui al Colegio Mayor Casa de Brasil, en Moncloa, para votar en las elecciones brasileñas. Por supuesto, no lo conseguí: para votar, uno necesita un permiso electoral. Y para obtener ese permiso electoral, uno debe solicitarlo en el Consulado de Brasil en Madrid. Mala idea. Quienes me conocen habrán oído las referencias que he hecho alguna vez a ésta loable institución. Sí, amigos, procederé a sumergirles en el mundo del Terror Burocrático.

Empecemos por el principio: el funcionamiento del Consulado de Brasil en Madrid explica claramente el hecho de que, cuándo Terry Gilliam decidió hacer una película sobre un estado apocalípticamente burocratizado, eligió titularla Brazil. Cuándo yo llegué a Madrid, el consulado estaba en la parte trasera de las lujosas oficinas del Banco de Brasil, en la calle Serrano, justo al lado de la Embajada Americana. Con la crisis económica, decidieron ahorrar y cambiaron el consulado a una oficina en una sexta planta en la calle de Almagro. Y éste año, en una iniciativa para ahorrar aún más gastos (en un recorte de gastos, generalmente, Relaciones Exteriores es la primera en recibir la tijera, total, no lo ve nadie) lo cambiaron a una planta baja en una semiesquina de Agustín de Bethancourt, justo detrás de los Nuevos Ministerios. Éstas mudanzas se hacen con el exclusivo propósito de ahorrar gastos. El hecho de que la comunidad brasileña en España se haya multiplicado por ocho en los últimos años ha sido soberanamente ignorado, y el espacio de atención al público sigue siendo exactamente el mismo. Pasemos al hecho de que el atendimiento es realizado por Funcionarios Consulares Brasileños (las mayúsculas son mías). Un Funcionario Consular Brasileño es Dios encarnado en la Tierra. Para un F.C.B. el ciudadano que se acerca a su ventanilla es un ser ignorante, vil y estúpido que seguramente se ha confundido con los papeles que tenía que traer. Por lo tanto, debe de ser tratado con la condescendencia de un ratón hasta que admita su error y vuelva otro día. Es una mezcla de la Casa de la Locura de Las Doce Pruebas de Astérix y un anuncio de Malibú (una frase invariables es: sólo un momentito). Tras una segunda visita, cobran sentido los carteles pegados en todas las paredes, informando que insultar a un funcionario público es delito de desacato y puedes irte al talego por él.

Brasil tiene leyes para todo, y quizás sean demasiadas. La burocracia es pervasiva y totalmente antiintuitiva. Como muestra, un botón: en España, un DNI sirve para cuatro cosas: para identificar al ciudadano ante la Policía, para identificarlo ante Hacienda, para identificarlo en un proceso electoral y para indicar su lugar de residencia. Pues bien, en Brasil, hay tres documentos: el Registro General (para identificar al ciudadano ante la Policía), el Código de Persona Física (para identificarlo ante Hacienda) y el Título de Elector (para identificarlo en un proceso electoral). ¿Y para indicar su lugar de residencia?, se preguntará nuestro lector aterrado. Pues bien, en Brasil, no hay documento que ateste la residencia, así que en caso de necesidad burocrática, nuestro ciudadano de a pie deberá ir a la oficina burocrática en cuestión con las facturas de la luz en la mano.

Pasemos a mi caso personal: pedí un título de elector, pero la solicitud se perdió en el maelstrom burocrático y, cuándo la encontraron, el plazo para inscribirse en el Censo ya había concluido. Les recuerdo que, según la legislación brasileña, votar es obligatorio; así que, deberé mandar una carta (dos si hay segunda vuelta) al Juez Electoral de la Sección Electoral del Extranjero informándole del caso; y éste me ha de reenviar un justificante; justificante que me será necesario para los casos más estúpidos; la renovación del pasaporte, por ejemplo.

Conservo mi nacionalidad brasileña solamente para darle el gusto a mi madre, dado que lo considera una salvaguardia en caso de guerra (sic). Pero, la verdad, cada vez le veo menos sentido a mantener un pasaporte que no me sirve para nada, no me significa nada (bueno, casi nada) y sólo da complicaciones y problemas. En todo caso, como siempre, no será ni fácil ni rápido.

Seguiremos informando.

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2 Responses to “Octubre”


  1. 1 El Supervillano.
    02 octubre 2006 en 9:49

    “Conservo mi nacionalidad brasileña solamente para darle el gusto a mi madre, dado que lo considera una salvaguardia en caso de guerra (sic). ”

    Me imagino que la española te sirve para lo mismo en caso de liarse una guerra en Brasil. La verdad, es que como las madres no hay nadie de previsor. Todo un clásico es lo de “Ponte ropa interior limpia… Por si tienes un accidente y te tiene que ver el médico”. Genial.

  2. 02 octubre 2006 en 6:04

    Encantadoramente kafkiano


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