17
Sep
06

El proyecto personal del CardinalXiminez

grande-bibliotheque-du-quebec.jpgHace trece meses y medio cumplí mi viejo sueño de viajar al Canadá, tierra friki donde las haya, donde gasté cantidades absurdas de dinero (a cuenta de Telemadrid, para aumentar el placer). Gocé con Montreal, flipé con Ottawa (para sorpresa de los estudiantes canadienses que conocí en Rotterdam, si bien posiblemente porque era el día de agosto más perfecto que recuerda la humanidad) y disfruté como un enano con toda la experiencia; lo único que me pesó era no tener a nadie con quién compartirla.

El último día, mientras hacía tiempo para ir al Aeropuerto Pierre Elliot Trudeau (así llamado por mi héroe político, del que tendré que hablar algún día) decidí pasar la mañana en el lugar más lógico: la Gran Biblioteca de Quebec, que estaba sólo a tres manzanas de mi hotel. Durante las dos horas que estuve en ese edificio sólo pensé en dos cosas: una, que era la mejor biblioteca en la que jamás había estado; y dos, que quería una igual en Madrid.

Tenemos la Biblioteca Nacional, una de las mejores del mundo. Las bibliotecas nacionales no prestan libros; los guardan y los conservan para la posteridad. Así, el sueño de éste su Cardenal, que procederá a perseguir con pertinacia dominica, es que se construya una Sala de Lectura de la Biblioteca Nacional; edificio que, sí, será diáfano y hermoso, pero que buscará sobre todo cumplir su función; ser la mayor biblioteca de préstamo y lectura de España, y al mismo tiempo, vídeoteca, filmoteca, salón de exposiciones, centro cultural, sala de informática; con wi-fi gratuito en todo el edificio, por supuesto.

Por supuesto, habrá guerras infinitas con la Comunidad y el Ayuntamiento por la responsabilidad del edificio, comprar el terreno en un Madrid con suelos cada vez más caros; obras y complicaciones mil, torear las críticas de los que piensan que es mejor mil bibliotecas pequeñas a una grande (yo pienso que mejor que todo eso son 1.001 bibliotecas) guerrear con la SGAE para mantener gratuitos los préstamos de libros, DVDs y música… Pero será compensado todo sufrimiento si una mañana gélida de noviembre, un chaval de quince años, friki del averno como él sólo, encuentra en el edificio refugio y paz con su libro como compañero. Soñar es gratis, hermanos. Soñar es gratis.
Seguiremos informando.

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