09
Sep
06

Ahora ya es personal

gallardon.jpgQue Alberto Ruiz Gallardón no era santo de mi devoción era algo bastante obvio. Como ya he dicho alguna que otra vez, soy un enamorado de ésta ciudad, por lo que toda obra destinada a su desarrollo no puede ser del todo mala, de ahí que mis problemas con don “Quiero tener un bigote como el de Aznar pero no me sale” van por otros tiros. Mi tirria por el señor Gallardón venía por partida doble: primera, por instalar el ayuntamiento en el Palacio de Comunicaciones, maniobra absurda desde todo punto de vista lógico y logístico y sólo explicable por el deseo del Repelente Niño Vicente de instalar su despacho en un edificio de tamaño acorde con su ego; y segunda y más importante: empeñarse en dos candidaturas olímpicas sin ningún sentido, despilfarrando el dinero del contribuyente en lo que sería una fiestanza con cava y alfombrones para los constructores y hoteleros capitalinos (¿Entradas a 60 euros para el tiro con arco? Me siento en mi casa y lo veo por la tele)
Pero van a terminar haciéndome odiar las obras. Gallardhotep I, en su ansia por catapultarse a primer plano a golpe de excavadora, ha encargado terminar antes de las elecciones cuántas obras posibles sean. Y como “cuánto antes posible” suele ser una palabra prohibida en las obras públicas, el resultado son obras hechas tarde, mal y a rastras.

Y con una de esas me topé (y nunca mejor dicho). La calle de Ruperto Chapí, que baja desde Moncloa hasta el paseo de Camoens (o Camões, como dicen en mi pueblo) ha sido asfaltada por una de éstas cuadrillas de recontrasubcontratados municipales. Y el asfalto ha sido tan mal colocado que rebosa el bordillo. Y aquí llega su corresponsal, corriendo como siempre detrás del A, se come la rebaba de asfalto y acaba en el suelo con una rotura parcial de ligamentos, faltando nueve días para su viaje al Caribe.

Que lo sepa el señor Gallardón. Me estoy cuidando el tobillo, inmovilizandolo lo más que puedo e intentando recuperarme para irme de viaje. Pero como me casque las vacaciones, que esté enterado desde este mismo instante: cuídese, que le estaré vigilando, como Sting.

Seguiremos informando.

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