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Cuándo el ego nos puede

rocky.jpg¿Ven ésta estatua? Cuándo Sylvester Stallone rodó Rocky III, donó a la ciudad de Philadelphia (dónde se desarrollan (quicir) los filmes de la saga) una estatua gigantesca de sí mismo haciendo la célebre pose de levantar los brazos tras la victoria. El ayuntamiento de Philadelphia ha pasado los últimos veinticuatro años intentando saber qué hacer con la estatua de marras. La intención de nuestro buen amigo de cejas inertes (aunque no está bien reírse de eso) era que se colocase en la escalinata del Museo de Arte, escalinata que él mismo hizo famosa al correrla (con perdón) de un tirón en la primera pinícula. Obviamente, a los del Museo de Arte, hogar de tonterías como la Piedad del Greco, el Prometeo Encadenado de Rubens, El Incendio del Parlamento de Turner y El Baile en el Moulin Rouge de Toulouse-Lautrec, les hizo un montón de gracia la idea de poner una estatua de tres metros de Sly en la puerta principal, y consiguieron aparcar la estatua en un palacio de los deportes bien lejos de la portada neoclásica del museo. Hasta ahora. Algunos concejales, en un arrebato de populismo mal interpretado, han dicho que Rocky representa el triunfo del “everyday man” y que merece un lugar delante del museo. Ésto, además de representar con claridad meridiana el desprecio de los yanquis por la “alta cultura” (que en una sociedad democrática como la americana es un inexplicable poso de elitismo, reprobable desde cualquier punto de vista) demuestra como la vida de los seres humanos puede ser destruída por el ego de uno sólo.

El ejemplo más claro era Mao Zedong, que se levantaba de buena mañana con ideas brillantes en su semicalva y verrugosa cabeza, y como a un dictador estalinista no se le dice que no (más bien) se le hacía caso hasta que morían un par de millones de chinos (y no exagero con lo de “un par de millones”) y le tenían que devolver al redil, hasta la próxima idea brillante. En España tenemos también lo nuestro (búsquense ustedes sus ejemplos).

En tiempos más contemporáneos, nos encontramos con los maravillosos dictadores-presidentes del Asia Central, en los países conocidos en general por su nombre Impronunciablestán. Mi estimado colega Damn it, Jim! ya se refirió al gran presidente de Turkmenistán, Saparmurat Niyazov, en el ya famoso caso de los 30.000 cubos contrabandeados. Permítanme que abunde en historias de éste gran hombre, sobre el cuál seguro me he referido alguna vez en conversaciones de bar.

Para empezar, el Presidente (vitalicio, como no) Niyazov, casi nunca recibe éste nombre en su país. Oficialmente, es Turkmenbashi, quicir, el Padre de todos los Turcomenos. Ha declarado que la cultura nacional turcomena tiene su reflejo y base en un libro escrito por él mismo, llamado Ruhmana o Libro del Alma, mezcla de autobiografía, catecismo y poesía, del que hay que aprenderse pasajes de memoria si se quieren pasar exámenes como el de conducir (para quien tenga los sacrosantos coglioni para leérselo, aquí tiene el enlace (en inglés) y que sepa que le dedico sincera admiración y pena). Es importante saber que a pesar de su insistencia en que los turcomenos se sepan el Ruhmana de memoria, cerró todas las bibliotecas rurales del país (total, los turcomenos del campo no leen, informó) además de los hospitales fuera de la capital, informando que los enfermos pueden ir a la capital (ésto en un país de un tamaño ligerísimamente inferior al de España, y con carreteras turcomenas). Renombró los meses del año (Enero ahora es Turkmenbashi, y Abril tiene el nombre de su madre) y (volviendo a lo que íbamos) ha instalado una estatua suya recubierta en oro que gira conforme el movimiento del sol, para estar siempre cara al sol (si Franco lo hubiese sabido…) En fin, un personaje. Y, por supuesto, un gran aliado de la seguridad y la paz internacionales en la guerra contra el terror. Faltaría más.

¿A que ahora Stallone parece ponderado? Seguiremos informando.

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4 Responses to “Cuándo el ego nos puede”


  1. 1 El Supervillano.
    06 septiembre 2006 en 10:31

    Por cierto que cuando sale la estatua de Rocky en los créditps del inicio de “Entre Pillos Anda El Juego”, la inolvidable película con Eddie Murphy, Dan Aykroyd, y Jamie Lee Curtis -inolvidable porque la ponen todas las Navidades-, siempre me he pensado que era una ingeniosa coña. Vamos, que ni me podía figurar que la estatua estaba ahi colocada de verdad…

    De lo otro, tanto de lo de recolocarla ahí como de la estatua de oro, el “¿Para qué quieres 30.000 cubos?”, y la comparación entre una cosa y otra… Prefiero no empezar a decir nada, porque no termino.

  2. 07 septiembre 2006 en 7:55

    A algunos les da por hacerse estatuas y a otros por llenar de socavones y “bujeros” las bonitas capitales de la Europa Meridional… Para cuando una entrada en honor al gran Albertofis

    Salud

  3. 24 julio 2007 en 8:29

    AMY MEGUSTA LAS PELICULAS DE ROCKY

  4. 4 indio23
    23 agosto 2007 en 5:31

    Asi que la estatua de verdad esta en Philadelphia? uhh loco quiero ir y sacarme una foto!!!
    Siempre que engancho una pelicula de Rocky me la veo. Me encantan. Cuando muere Micky en la III yo lloré, entendes? lloré
    Aguante Rocky I, II, III, IV y V (ah y la VI tambien, no la vi pero debe estar buena, es Rocky)


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