Nunca he sido un entusiasta del techno. He de confesar que no es por repudio a la música en sí, sino a la fauna que congrega y a sus anexos (verbigracia, la Jenny, el AX tuneado, farlopa por doquier, etc.)
Naturalmente, tienen que venir unos canadienses a hacerme cambiar de opinión.
Con ustedes nuestros viejos compañeros de flipe máximo: el Cirque du Soleil. Con los nuevos espectáculos aún en gira norteamericana (que es por donde empiezan) y aún a falta de un año para que alguno de ellos venga a Madrid (y demos gracias a Buda que vienen, porque gente de menos criterio se hubiera ofendido si el ayuntamiento hubiera puesto los cuarteles generales de la obra de la M-30 sobre el terreno que ya tenían contratado para instalarse)
Pues bien, nuestros amigos canadienses han decidido organizar un espectáculo de “arena” (es decir, que no necesita carpa) llamado Delirium en las que mezclan el ritmo del techno con su habitual flipada de música y baile. Pueden ver un trailer en su página oficial, es decir, aquí.
Insisto, el techno no me gusta. Pero no me negarán que tiene una pinta estupenda.
Naturalmente, el hecho de que sea un espectáculo nuevo y requiera un palacio de congresos medianamente grande lo hace insostenible en nuestra pobremente dotada capital. La gira europea que empieza en septiembre lo llevará por diversos países…menos el nuestro.
Por supuesto, la gira europea tenía que empezar donde más posibilidades de éxito hay: en una ciudad donde el techno es religión, donde los fines de semana hordas de jóvenes de varios países circunvecinos abarrotan los enormes hangares donde el chunda reina impenitente.
Lo han adivinado: Rotterdam.
Quien ha hablado conmigo las últimas semanas habrá notado que tengo ganas de volver de visita a la metrópolis del Mosa. Es innegable que esos meses de Erasmus estuvieron entre los mejores de mi vida, y no necesito que vengan canadienses chundas para justificarme un fin de semana comiendo patatas en el Bram Ladage, visitando (¡por fin!) el museo Boijmans van Beuningen y el Neerlandés de Fotografía, y recorriendo el mercadillo del Blaak en búsqueda de la última ganga venida de China.
Y, como no, me pone en un compromiso. Ese fin de semana, el del 15 y 16 de septiembre, a pesar de que no está justamente en medio de los míos, está en plena época de exámenes. Además, ese finde me tocaría currar, según el calendario. Pero es que la tentación es muy fuerte.
Porque además ese fin de semana es el que el Mech ya tiene reservado para visitar los Bajos Países. No pensaba acompañarle; pretendía ir en octubre, cuando las circunstancias fuesen más propicias (exámenes acabados, quizás más dinero, tarifas hoteleras más razonables…)
Pero ahora hay canadienses involucrados. Estoy perdido.
Seguiremos informando.
Están los falsos frikis. Son aquellos que tienen la mala idea de llevarse Las Dos Torres a la comunión de la prima Judith con el objetivo de leerlo durante la misa (sin recordar que la liturgia católica prima el levantarse y volverse a sentar con el primario objetivo de que los fieles no se duerman) y son avistados por la inefable tía Remedios, que les dice, entre burla y reproche: “Ay, que te estás convirtiendo en…como era… ¡un friqui de esos!”
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