Oh, Señor, vuelvo a ti arrepentido y humillado.
Pues mil veces clamé a Ti, Señor, acusando a Tus servidores de soberbia y orgullo intelectual. Les llamé pedantones, gentes que confundían superioridad intelectual con superioridad moral, gentes demasiado educadas para servir a Tu pueblo, que es, como tu Hijo, humilde.
Me arrepiento porque he visto la luz. Entre tus servidores, aún los más elevados, hay hombres de la categoría intelectual de tus primeros discípulos, hombres rudos y sencillos que, si vivieran hoy en día, leerían el Marca y escucharían tertulias matutinas. Sí, pues he oído el mensaje que tu servidor Jesús Obispo Sanz ha hecho llegar a su grey oscense.
En éste mensaje leo que no todo está perdido en Tu Iglesia, señor. Demuestra que hasta el hombre más estúpido, intelectualmente nulo, de mínima coherencia moral y con una apabullante pobreza de miras, es decir, Tu herramienta preferida para propagar la fe, puede llegar a ser todo un obispo español.
Muestra Tu Obispo, Señor, que la bondad, el perdón y la paz sólo son privilegio de aquellos que Tú has elegido, señor. Jesucristo nunca predicó a los pobres, nunca predicó el perdón, nunca proclamó la pobreza. Su mensaje estaba hecho para los ricos y conservadores, Señor, ahora lo veo. Y el que diga lo contrario es un miserable.
Seguiremos informando.
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