¡Vale! ¡Me construiré mi propio módulo lunar! ¡Con casino! ¡¡Y furcias!! ¡Es más! ¡Paso de la nave lunar! ¡Y… del casino! ¡Al cuerno todo…!
Bender, en The Series has Landed, 1ª temporada de Futurama
¡Vale! ¡Me construiré mi propio módulo lunar! ¡Con casino! ¡¡Y furcias!! ¡Es más! ¡Paso de la nave lunar! ¡Y… del casino! ¡Al cuerno todo…!
Bender, en The Series has Landed, 1ª temporada de Futurama
Siempre fui malísimo explicando mis vacaciones/viajes. Soy un tipo de anécdotas, y no de historias, y prefiero dosificar las historietas para mayor placer de la concurrencia. En cambio, he de ponerme al día con los acontecimientos informativos que han poblado éstos ocho días. Produciré una versión resumida, y, quizás, si el acontecimiento lo merece, vendrá un post más largo.
Y hemos de empezar por el golpe de estado en Tailandia, que debió acojonar a nuestro contingente de turistas sexuales en tierras siamesas. Es decir, uno que pasea como si nada por las calles de Patpong, rumbo al local de esa señorita que, según le han informado, abre botellas con el Innombrable, cuándo de repente ve pasar un tanque. Y no uno: varios, porque recordemos que Tailandia es, según los Estados Juntitos, un major non-NATO ally, y puede conseguir juguetitos más guays que los demás. Thaksin Shinawatra, una especie de Silvio Berlusconi asiático, ahora está en Londres, sin saber qué hacer con su vida. En fin.
Empiezan a llover hostias por las acciones de las eléctricas, que son una fiable fuente de ingresos (¿aún no saben lo que son los Gastos de Transición a la Competencia? Infórmense y ríanse con nosotros) Las constructoras españolas están saturadas de pasta y la diversificación se impone, ahora que el mercado inmobiliario empieza, por fin, a decaer. Pero no se alegren entoavía: que todas éstas ostias por las acciones implica que los amigos compradores desearán beneficios rápidos…que la Comisión para el Mercado de la Energía estará encantada en conceder. ¿El perjudicado? ¿A que no se lo imaginan?
Y sobre el simpático día de campo de ETA: sobre ésto sí tendré que escribir más largo y tendido, porque está claro que lo que parecía ser la Paz Definitiva se va a convertir en una reedición de la rendición de los poli-milis en el 83. La vieja guardia es eso: vieja; está cansada y no quiere pasarse el resto de su vida en el estaribel; pretende legitimidad política y salvar los muebles, y que los chavalines jarraichus se ocupen de lo suyo. Era, quizás, un poco ingenuo pensar que la alta cúpula de ETA controla a todos los etarras. Pero, lo dicho, habré de escribirlo con más detalle posteriormente.
Seguiremos informando.
Y una vez levantados, partimos mañana hacia la República Dominicana.
Seguiremos informando, cuándo vuelva. Hasta dentro de nueve días.
Hace trece meses y medio cumplí mi viejo sueño de viajar al Canadá, tierra friki donde las haya, donde gasté cantidades absurdas de dinero (a cuenta de Telemadrid, para aumentar el placer). Gocé con Montreal, flipé con Ottawa (para sorpresa de los estudiantes canadienses que conocí en Rotterdam, si bien posiblemente porque era el día de agosto más perfecto que recuerda la humanidad) y disfruté como un enano con toda la experiencia; lo único que me pesó era no tener a nadie con quién compartirla.
El último día, mientras hacía tiempo para ir al Aeropuerto Pierre Elliot Trudeau (así llamado por mi héroe político, del que tendré que hablar algún día) decidí pasar la mañana en el lugar más lógico: la Gran Biblioteca de Quebec, que estaba sólo a tres manzanas de mi hotel. Durante las dos horas que estuve en ese edificio sólo pensé en dos cosas: una, que era la mejor biblioteca en la que jamás había estado; y dos, que quería una igual en Madrid.
Tenemos la Biblioteca Nacional, una de las mejores del mundo. Las bibliotecas nacionales no prestan libros; los guardan y los conservan para la posteridad. Así, el sueño de éste su Cardenal, que procederá a perseguir con pertinacia dominica, es que se construya una Sala de Lectura de la Biblioteca Nacional; edificio que, sí, será diáfano y hermoso, pero que buscará sobre todo cumplir su función; ser la mayor biblioteca de préstamo y lectura de España, y al mismo tiempo, vídeoteca, filmoteca, salón de exposiciones, centro cultural, sala de informática; con wi-fi gratuito en todo el edificio, por supuesto.
Por supuesto, habrá guerras infinitas con la Comunidad y el Ayuntamiento por la responsabilidad del edificio, comprar el terreno en un Madrid con suelos cada vez más caros; obras y complicaciones mil, torear las críticas de los que piensan que es mejor mil bibliotecas pequeñas a una grande (yo pienso que mejor que todo eso son 1.001 bibliotecas) guerrear con la SGAE para mantener gratuitos los préstamos de libros, DVDs y música… Pero será compensado todo sufrimiento si una mañana gélida de noviembre, un chaval de quince años, friki del averno como él sólo, encuentra en el edificio refugio y paz con su libro como compañero. Soñar es gratis, hermanos. Soñar es gratis.
Seguiremos informando.
Nota Bene: Éste artículo fue publicado originalmente en Baked Beans are Off el 22 de febrero de 2006. Estoy volviendo a publicar mis artículos favoritos (algo parecido a lo que hace Pedro J., pero: a) no cobro por ello, y b) no creo que sea un conveniente regalo de Navidad) y hago saber a mis escasos pero no menos fervorosos lectores que aceptaré gustoso publicar sus artículos favoritos. Háganmelo saber. Bueno: al grano:
Es muy largo, pero es que estaba desatado.
José María Aznar López. Sin duda alguna, el personaje más importante que ha dado la derecha española en los últimos veinte años, el hombre que hizo que ser facha en España dejase de ser un estigma y pasase a ser algo llevado como una insignia de honor por J.Lo. (no sé a quién debo acreditar éste que será uno de los nombres estándar de Fedeguico en éste blog; en todo caso, gracias) y otros orates de su calaña.
Sólo por eso podría entrar dignamente en la historia de nuestro país, pero es vox pópuli que la gran maldición de Bigotus Máximus ha sido creerse lo que decían de él en los medios afines. Tristemente, la prensa española (de todas las adscripciones) nunca se ha andado con chiquitas a la hora de adular, y en el caso de Pepe Mari la cantidad de que lo que los norteamericanos llaman con propiedad “aire caliente” llegó a límites sólo igualados por aquél que fue el Centinela Espiritual de Occidente.
Líder mundial, estadista de talla (moral, se entiende), hombre culto, educado y carismático (inigualables momentos populistas donde se arremangaba la camisa y empezaba a soltar procacidades a las ancianas falangistas), y, por supuesto, máquina de ganar elecciones (puntuación hasta ahora, empate a dos), todo ésto y más aparecía todos los días en ditirámbicas columnas de las acompañadas por litografía, compuestas por esforzados exégetas que se ganaban el vermú de cada día propagando el mensaje del Profeta de Valladolid. Todo estaba preparado para la retirada triunfal; José María Aznar López, después de resucitar a la derecha española de entre los muertos (vértigo) se lanzaría a una carrera impecable como el Bill Clinton de la derecha europea, dando entrevistas para la FOX, llenando salones con sus conferencias y dejando que imberbes becarios de las universidades más caras de España pusieran en papel bueno sus profundas reflexiones sobre lo duro que es salvar el mundo.
Hasta que todo se jodió, hablando en plata. Las elecciones del 14-M fueron para el Partido Popular el equivalente político a que se te caigan los pantalones en misa, y nunca la expresión de aquellos polvos vinieron éstos lodos estuvo mejor ejemplificada. Mientras en Madrid las oficinas de Génova procuraban salvar los muebles y acababan con Don Rajote de la Mancha y sus muchos Sanchos, Aznar, sin escaño, sin cargo y sin prisa, veía que de repente volvía a ser una persona normal, que en Washington las puertas no se abrían a su paso y que todos hablaban un idioma que a él le resultaba medianamente familiar (no por nada había demostrado ante una audiencia mundial su impecable relación con la lengua de Shakespeare) A nadie le gusta; el síndrome del sillón perdido afecta a personas de todos los lados de todos los espectros y nadie mejor que Forges para contárnoslo. Pero hoy Aznar vaga por el mundo, sin rumbo y sin criterio, pregonando a los cuatro vientos lo que la muchachada del tank tank de la FAES piensa por él: que los socialistas son terroristas (porque rima y porque él lo dice) , que la desintegración de España es un hecho consumado (y uno mira por la ventana y ni flowers) y que su pensamiento es importante (como en aquella conferencia que dio en Nueva York, que hubo que regalar las entradas porque no venían ni los mendigos del subway).
Y ahora eso le ha traído problemas. Resulta que la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos prohíbe expresamente a los extranjeros meterse en política. Aznar siempre ha sido un feroz defensor de la Constitución Española (o eso dice) pero al parecer la de los demás le trae al pairo (¿alguien se esperaba otra cosa?) y se puso a defender la elección del candidato de la derecha en las elecciones mexicanas. No es nada grave (le pegarán un par de collejas verbales y le mandarán a casa) pero prueba el patetismo de su situación actual, viajando por el mundo como un profeta desatado, predicando la verdad de su pensamiento y la maldición del zapaterismo.
El punto más bajo hasta ahora ha sido quedarse sólo (24 votos a 1) en el Consejo de Estado (llamado cariñosamente el Cementerio de Elefantes) donde los malditos infieles (muchos padres de la Constitución entre ellos) han decidido unirse con la izquierda separato-comunista en lugar de seguir el pensamiento del Prohombre del Siglo XXI. Para evitar mayores humillaciones a éste que ha sido el resurrector de la derecha hispana, propongo públicamente una cuestación para llevarle a un lugar tranquilo y apacible donde pueda pasar el resto de su vida en paz y silencio: sobre todo silencio. Pongan huchas en las mesas petitorias del día de la banderita (de España) donde el legado de José María Aznar está más vivo que nunca: los fachas toman la calle. Esperemos que al menos tengan consideración con el que los devolvió allí.
Seguiremos informando.

Dentro de tres semanas es la primera vuelta de las elecciones brasileñas. Yo, como residente en el extranjero, sólo tengo que votar para Presidente, pero el elector medio brasileño ha de votar, además para el Senado, para el Congreso, para el Gobernador de su estado federado y para diputados de la Asamblea Legislativa de su estado federado. Y hay cada cosa…
Para que nos quejemos de Martínez Pujalte. (Aunque tengo la sensación de que no le dejan salir en los programas electorales precisamente por eso…)
Seguiremos informando.
P.D. No pienso traducir lo que dice.
“Mierda, dijo la madre superiora. No se asusten. Es que siempre he querido empezar un cuento así. De hecho, el cuento termina aquí.”
(Luis Fernando Veríssimo, Comedias de la Vida Privada)
Nota bene: El siguiente artículo fue publicado en Baked Beans are Off el 10 de julio de 2006.
El YouTube es un invento maravilloso. Permite descubrir perlas que uno jamás encontraría en la pocilga que es la televisión mundial.
Me explico. El otro día vi por primera vez Noche Hache. Ya dije antes que Cuatro no me ha terminado de convencer: parece la versión televisada del dominical de El País, e Iñaki Gabilondo no está hecho para presentar informativos. Se ha acostumbrado a masticar la información, y una vez uno se acostumbra volver a tragar resulta doloroso e indigesto. Vuelvo a lo mío: en éste programa salía uno de los múltiples impresentables made in “El Club de la Comedia”, haciendo un papel de facha inveterado. Mi amigo el Deivid, que estaba conmigo, se partía de risa. Yo no. Sobre todo, porque sabía de dónde venía todo ésto.
The Daily Show es posiblemente el mejor programa de humor político en la actualidad. Punto. Emitido en The Comedy Central, que es como Paramount Comedy pero con pasta y huevos para llevar las cosas más allá del Gañán, se ha convertido en los últimos seis años en uno de los programas de televisión más influyentes de Estados Unidos. Como muestra, dos botones: John Kerry insistió en aparecer en el programa durante su campaña electoral y Jon Stewart, el presentador, fue invitado para presentar los Oscar éste año. Uno de los presentadores más celebrados de The Daily Show era Stephen Colbert, que hacía de (lo han adivinado) pundit.
¿Un qué? En Estados Unidos existen los J.Los, como Rush Limbaugh, pero las voces más influyentes de la derecha vienen de los programas de pundits. En hindi, pandit significa profesor o maestro (de ahí el Pandit Nehru) y esa palabra pasó a definir lo que en castellano definiríamos como un todólogo (aplausos y salvas de honor al que inventó esa palabra), como César Vidal. Los pundits más influyentes son Tucker Carlson (en su programa Tucker, en la MSNBC), Sean Hannity (en Hannity & Colmes, la idea de la Fox News de un programa imparcial: dos pundits, uno de derechas y otro “liberal”; detalle: Colmes no habla casi nunca), y, por supuesto, el mayor de todos: Bill O’Reilly, en su programa The O’Reilly Factor, también en Fox News.
La Comedy Central, viendo un filón en The Daily Show, no tardó en darle a Colbert el espacio posterior a The Daily Show para que hiciera su propio programa, The Colbert Report: una copia descarada de The O’Reilly Factor, incluyendo el uso desmesurado de banderas americanas, águilas calvas y del ego del presentador (al menos, el supuesto).
Colbert ahora mismo es tan famoso como Jon Stewart, aún más cuándo fue invitado a dar un discurso en la cena de gala del Cuerpo de Corresponsales de la Casa Blanca: ante el tout Washington, incluyendo por supuesto al mismísimo presidente, interpretó su papel de pundit en el discurso de su vida, incluyendo la inmortal frase: “Yo creo que el mejor gobierno es el que menos gobierna; bajo esos parámetros, nuestro gobierno en Irak es fabuloso” (si quieren verlo, está en Google Video; basta poner “Bush Colbert”; desgraciadamente, está en inglés…sin subtítulos) Por supuesto, las agencias de noticias internacionales sólo publicaron la primera parte de la cena, que era la que la Casa Blanca quería mostrar: al imitador de Bush.
Pues bien, en el primer programa de The Colbert Report, Colbert presentó al público americano una palabra que ya se ha hecho ubicua en todos los medios, serios o no: truthiness, que traducida a nuestra noble lengua cervantina se diría verdadez (sonando como honradez, a ver si me entienden). El concepto de verdadez es muy sencillo: es cuándo una verdad no se sabe; se siente. Ejemplo clásico: ¿Había armas de destrucción masiva en Irak? El gobierno americano no sabía si era verdad: pero sentía que era verdad. No hace falta saber la verdad; de hecho, el saber la verdad es asunto de izquierdosos elitistas. Sentir la verdad, en cambio, está al alcance de todos los americanos, incluido el presidente. Es por eso que la verdadez debe de prevalecer sobre la verdad.
Por supuesto, en la España de hoy el concepto de verdadez está omnipresente. A diario, en la COPE, en El Mundo, en Libertad Digital, en Alba, los proto-pundits españoles se burlan de nosotros, los que intentamos saber la verdad. ¿Para qué saber? ¿Si las tripas nos dicen que España se rompe, que el 11-M fue obra de ETA, que el gobierno traiciona a los muertos, qué es un cerebro para discordar? Saber la verdad es demasiado complicado. Ellos simplemente sienten la verdad. Los hechos son simples añadidos a la pura Verdad, la Verdad que no se sabe, se siente.
Y es gracias al concepto de verdadez que he terminado por comprender que da igual lo que digamos, da igual lo que diga el juez, el papa o Dios Todopoderoso en persona: los únicos que pueden convencer a nuestros proto-pundits de que intenten saber son ellos mismos. Y hablamos de gente que se lleva las convicciones a la tumba. Bien por ellos. Pero que nos dejen tranquilos con la verdad. La de verdad.
Seguiremos informando.
Mis lectores, siempre bien informados, habrán tenido noticia del tiroteo en una cafetería universitaria de Montreal, y habrán notado la sucesiva reducción de la importancia de la noticia conforme decrecía el número de muertos. En todo caso, y por mucho que diga Michael Moore, a los canadienses también les da por matarse entre sí. Casi todos en la metrópolis quebequesa han recordado la matanza de la Escuela Politécnica, de 1989, de la que seguramente ya les he hablado: un tipo desequilibrado mental entró con una escopeta en la universidad, gritó “odio a las feministas”, separó hombres y mujeres y fue disparando a las estudiantes que encontraba. Después de matar a trece de ellas, se pegó un tiro.
Decía que la importancia de la noticia ha decrecido en los titulares de la prensa: pero no teman, porque desgraciadamente volverá. Sí, amigos, resulta que el tipo que entró disparando era un megasiniestro que, por si fuera poco, formaba parte de un grupo de roleros llamado Vampirefreaks (espero que no necesite traducción).
Ya sabemos que significa eso: que vamos a empezar otra vez con la Gran Generalización: los roleros son asesinos en potencia, así como los musulmanes son terroristas en potencia y los curas son pederastas en potencia. Carnaza de la mejor clase para alimentar la letanía monocorde de los pisicólogos de mesa camilla y preocupadas madres en el programa de Ama Rosa. Ya está: era siniestro y rolero; no hay más que explicar; Canadá podrá justificar ante el mundo que la gente entre en sitios disparando. Aquí no hay nada que ver. Vayan a torturar a sus frikis locales.
¿Pero será así de ésta vez? Hay algo que ha cambiado: el Mercado, ese gran pulpo, ha descubierto que los frikis son un mercado rentable (¿quién más se compraría un sable laser?) y las presiones sociales para convertirnos en tontipoperos oyentes fieles de los 40 decrecen cada vez más. El frikismo, como el hippismo y el heavy, está siendo absorbido lenta pero inexhorablemente por la mercadotecnia, y no dudo en absoluto que en breve plazo nos veremos inundados por frikis de palo, igual que tenemos ahora hippies y heavies de palo.
Me estoy perdiendo. Ah, sí, que les deseo suerte a todos en la defensa de sus principios.
Y que seguiremos informando.

Con Eduardo Zaplana como Mulder. Seguiremos informando.
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